HISTORIA DE LOS PRESUPUESTOS PARTICIPATIVOS

Como vemos, los Presupuestos Participativos hablan de dinero, pero también de nuevos espacios de participación, de profundización democrática en la vida local, de participar para decidir. Hablan en definitiva de apropiación de los asuntos públicos por parte de la ciudadanía, lo que en el fondo constituye la esencia de la democracia.

  La historia de los presupuestos participativos arranca en Brasil a finales de los años 80 del S.XX, donde la ciudad de Porto Alegre constituyó la primera gran experiencia que actuó como referente para otros municipios latinoamericanos. De esta manera el presupuesto participativo tomó fuerza en América Latina en los últimos años del S. XX hasta alcanzar un reconocimiento internacional por parte de instituciones como las Naciones Unidas o el Banco Mundial.

 

En España el presupuesto participativo desembarca en el año 2001 en pequeños municipios de Andalucía. La localidad de Córdoba será el primer gran municipio que apueste por esta metodología de diseño del gasto público, a la que se sumarán en la primera década del S.XXI otras grandes ciudades como Sevilla, San Sebastián, Albacete, Getafe, Elche o Jerez. A este conjunto de  esfuerzos colectivos responde la creación en estos años de redes de municipios españoles para desarrollar formación e intercambio de información en torno a las metodologías de trabajo que afronta el presupuesto participativo. El resultado serían dos plataformas continuadas en el tiempo: la Red Estatal por los Presupuestos Participativos y la Red de Ciu

dades Participativas por los presupuestos participativos, la democracia participativa y la planificación democrática. El soporte de estas redes, junto con la colaboración y asistencia de distintos colectivos de personas expertas en metodologías participativas, fue permitiendo el crecimiento progresivo de experiencias en España. Antes de 2015 en España se contaban más de un centenar de procesos, pero serán las elecciones locales de 2015 las que supongan un impulso definitivo para el asentamiento de la figura del presupuesto participativo como modelo de planificación de gasto público y como metodología para la dinamización de la participación ciudadana en los asuntos públicos municipales. Desde el año 2015 el número de experiencias españolas se halla en constante expansión y en estos momentos constituye ya una práctica si no generalizada al menos muy extendida en las instituciones locales españolas.

Paralelamente, la evolución de de la historia del presupuesto participativo en otros países de Europa  ha sido también creciente, máxime a partir de los apoyos explícitos de las autoridades europeas a estas nuevas formas de democracia local que se han ido produciendo en las sucesivas normativas (valga como ejemplo las recomendaciones del Comité de Ministros del Consejo de Europa, o las líneas de financiación de los proyectos URB-AL y Sócrates). En el resto de continentes también se ha ido desplegando a lo largo del tiempo la experiencia del presupuesto participativo, existiendo actualmente ya experiencias de amplio recorrido tanto en África como en Asia.

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